
Durante mucho tiempo, fui de la idea de que es una total injusticia que nuestros padres elijan nuestro nombre. Aquel pedazo de identidad de pila que nos registrará en todos lados, en la mente de toda persona cercana, en cualquier documento que recibamos, no es de nuestra elección, y puede ser que en muchos casos, que ni siquiera de nuestro agrado. No faltará aquel que a pesar de haber sido nombrado en honor a su tatara abuelo, no sea muy feliz de tener a Eustacio, Gorgonio o Eufrasio por nombre.
Sin embargo, en el mundo de la música este rollo de los nombres funciona de una manera muy diferente. Claros ejemplos de esto es Bob Dylan, cuyo nombre verdadero es Robert Allen Zimmerman, tomando el Dylan del gran poeta Dylan Thomas. Luego tenemos el caso de Bono, vocalista de U2, quien en realidad es Paul David Hewson. La lista es interminables. El punto es que es evidente que quienes se encuentran bajo la luz privilegiada del mundo de la farándula, pueden hacer de su nombre lo que quieran.
Después de toda esta introducción de nomenclatura, hay un grupo que ha llamado mi total atención y parte de este hecho radica en el peculiar nombre que han elegido para darse a conocer. Se trata de Crystal Castles, dueto de electropop oriunda de Toronto, formado por Alice Glass y Ethan Kath. Existen dos versiones con respecto al nombre de la banda. La primera de ellas, que es mi favorita así como en la que prefiero creer, puesto que se dice que han adoptado su nombre del castillo de cristal de la antigua serie animada, She-Ra, la princesa del poder. Yo era fan de esta caricatura cuando era chica. Incluso llegué a pedir a mi mamá que me hiciera un disfraz de She-Ra, pero nunca accedió a la que la falda fuera tan corta (háganme el favor). Pero bueno, la segunda versión del nombre, se dice que proviene de un juego de video de 1983 de la consola Atari.
Entre sus canciones podemos encontrar títulos como Lovers who Uncover, que en mi opinión no es sólo una de las mejores, sino también una de las pocas donde se puede llegar a entender un poco mejor lo que se dice en la canción. Crystal Castles prefiere viajar como la luz, haciendo de cada de sus rolas una especie de carretera etérea en la al escucharla, nos vemos seducidos por lo incomprensible y orgánico de un sonido puramente sintético (paradójico, ¿no?). Courship Dating, a pesar de ser más lenta que muchas otras de sus canciones, es una de aquellas que incorpora varios elementos que la hacen única: desde gritos desgarradores, sintetizadores amplificados a la máxima potencia y secuencias cuya monotonía aún sorprende. Otra de mis favoritas es Untrust Us, en la que retoman una canción de Death From Above 1979 llamada Dead Womb, y así usando un par de frases y armando un loop perpetuo en la melodía.
Lo más interesante de la banda es que no se mantiene quieta o inmóvil en un solo lugar. Conforme saltamos de canción en canción, podemos percibir cambios radicales que tan sólo enriquecen al oído que necesita de todo tipo de ritmos para manifestar el estado anímico. Pasamos desde la tranquilidad, la catarsis, la rabia, la ira, hasta llegar a la emocionalidad pura acompañada por un sintetizador delirante. Lo que es verdad es que en ninguna rola podemos dejar pasar las ganas de querer bailar, como sea que lo hagamos. El cuerpo del disco invita al propia a moverse sin importar el lugar, la hora o la compañía. Es un álbum poderoso e impredecible.